Descripción:
Cuántas veces hemos dicho ¡Qué injusta es la vida! Porque nos pasan cosas “malas” que creemos no merecer o no nos pasan cosas “buenas” que si les pasan a otros que no se las merecen. Eso ocurre porque lamentablemente estamos todo el tiempo comparando nuestra vida con la de otros y aunque nuestra mente sabe que no todos tenemos las mismas condiciones, perdemos el foco de nuestra vida. Una señal de que somos hijos de Dios es esa, que a pesar de lo bueno o malo que vivamos, nuestra fe y esperanza debe estar puesta en Cristo. Cuando estamos en Cristo, comprendemos que hay un propósito para cada cosa que ocurra (Salmo 73:17), todo está en su mano; así que hoy pelea la buena batalla y encuentra en Dios todo lo que necesitas, sin ver atrás y decir ¿y por qué yo no? Dios te dio el poder de ser su hijo, un más que vencedor.
