Descripción:
El profeta Jeremías recibió una orden muy clara de Dios: “Levántate y vete a casa del alfarero y ahí te haré oír mis palabras”. El alfarero es una persona que trabaja el barro y la arcilla para hacer vasijas, pero su labor es mucho más profunda: corregir, formar, hornear y crear. Después del moldeado, la vasija es colocada en el horno con una temperatura muy alta y así finalizar el proceso. En la vida cristiana podemos ver que Cristo es el alfarero (Jeremías 18:1,6) y nosotros el barro. Por lo tanto, el fuego es indispensable, pues ese proceso es necesario para sacar toda impureza e imperfección. El propósito de ese fuego purificador es refinarte y llevarte a un verdadero deleite con Dios. ¡Aleluya!
