Descripción:
Saber qué está bien y qué está mal no es suficiente para hacernos libres. La ley funciona como un espejo que nos muestra nuestras fallas y nuestra necesidad de cambio, pero solo en Cristo encontramos la gracia que realmente nos transforma. Efesios 2:8 nos recuerda que: por gracia somos salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. La salvación es un regalo inmerecido de Dios, no un logro personal ni el resultado de nuestros propios méritos. Recuerda que la verdadera libertad comienza cuando dejamos de depender de nuestras propias fuerzas y permitimos que Dios transforme nuestra manera de pensar y de vivir. “Pon tu mente en las cosas del espíritu y habrá verdadera libertad en ti”.
